EL SALTO DE FE- The Leap of Faith

July 6, 2017

 

Muchas veces queremos alcanzar algo, pero no sabemos qué pasos dar o cuáles son los pasos necesarios para lograrlo. Sentimos que hacer cambios sería como dar un salto al vacío y de alguna manera lo es. El salto de Fe, es ese estado de “Creer en algo” con tanta fuerza que comienza el camino  hacia el cambio.

El primero en comenzar a utilizar esta expresión “Salto de Fe” fue el padre del existencialismo, Soren Kierkegaard. El filósofo danés centra sus estudios en el individuo y la condición de la existencia humana, la libertad, la responsabilidad y sobretodo la subjetividad con la que vivimos las experiencias.

Originalmente el “salto de Fe” es el “salto HACIA la Fe”, un concepto de razonamiento circular. Es la Fe en algo lo que nos hace saltar y a la vez saltamos porque tenemos fe. Las dos ideas o premisas se refuerzan por la existencia de la otra.

Hay que recordar que el filósofo desarrolla este concepto se desde un concepto cristiano y sus paradojas. Es por eso que el salto es hacia la Fe. Para nosotros, la Fe es el CREER en nosotros mismos, creer en nuestra capacidad, nuestros recursos y experiencias.

El salto, es el cambio de una situación a otra, lo que nosotros en coaching llamamos pasar del Estado Presente al Estado Deseado. En ese camino de un lugar hacia otro hay un cambio (o varios) y esto es el salto. Es el proceso intermedio en el que todavía no estamos ni en un lado ni en el otro. Una situación donde no se vuelve más a lo que fue antes aunque todavía no llegamos a donde queremos estar.

El primer paso ocurre cuando nos damos cuenta de que algo ya no funciona como antes. Una situación laboral, una relación sentimental, una conducta, etc. Una vez que tomamos conciencia de que la situación que vivimos es cómoda, pero no es lo que realmente deseamos, comenzamos a hacernos muchas preguntas. Ideas y pensamientos comienzan a fluir por nuestro interior. A veces podemos callar a esa vocecita interna por mucho tiempo y otras veces no. Esa voz interna es la que nos avisa que queremos cambiar, es por eso que es importante escucharla. Es una alerta, que también se traslada también a nuestro cuerpo, nuestra salud y nuestro estado de ánimo.

Luego empezamos a pensar que sí es posible cambiar algo, o ¿por qué no hacerlo? Puede pasar todo el tiempo que deseemos, pero en algún momento queremos que cambiar, entonces ¿por qué no empezar de una vez? Ya hemos logrado superar otras situaciones, ¿porque no vamos a pasar esta? Entonces nos decidimos. Este es el momento en el que según mi pensamiento, me da más miedo quedarme donde estoy que hacer el salto hacia la Fe.

Para algunos podemos estar locos, pero para otros es creer tanto en algo, que nada más ni nadie nos puede hacer cambiar de parecer aunque no sabemos con certeza los resultados. No sabemos qué es lo que va a pasar, pero definitivamente esa incertidumbre abre puertas hacia nuevos horizontes y nos permiten estar cada vez más cerca de lo que sí queremos lograr.

Una vez que nos empezamos a amigar con esa vocecita, debemos ser fieles a lo que escuchamos. Le prestamos atención y nos acercamos a esa parte de nuestro interior que antes nos incomodaba tanto. Esa voz es nuestro ser interno, nuestro corazón y nuestra aliada. Esa es la voz que nos va a dar fuerza no sólo para hacer el salto, sino que es fundamental para el momento donde ya no estamos donde estábamos antes y donde no hemos llegado todavía al objetivo.

Es importante saber que ese salto, el cambio, nos provoca estrés, por lo tanto hace falta cuidarse mucho. Practicar deporte, meditación, yoga o alguna caminata. Todo lo que nos colabore a poder mantener el balance y estar en paz es positivo, ya que se avecinan tiempos de incertidumbre.

De la misma manera, nuestras relaciones con el mundo alrededor pueden a veces verse afectadas. No todos nos van a entender pero hay mucha gente que nos quiere y nos va a apoyar, nos va a dar una mano y abrazarnos cuando sea necesario. La buena energía, la gente positiva y los amigos, pareja o familiares puede que no nos entiendan pero desde su lugar pueden sumar a nuestro bienestar y darnos una mano cuando lo pidamos.

Podemos tomar consejos y opiniones, todo suma. Pero no tenemos que enfadarnos con quien no nos comprenda, todos somos distintos. No hace falta compararse con otros, cada uno hace su propio camino y sus propias experiencias. Cada uno de nosotros es un ser único e irrepetible.

El salto vale la pena. Cuando los tiempos nos hagan dudar,  cuando tengamos miedo, o nos paralicemos,  vamos a  enfocamos siempre en el estado deseado y recordarnos que estamos más cerca que antes.  Puede que los resultados no sean visibles tan rápido como deseábamos, pero no hay que desesperar. Como si fuese una búsqueda del tesoro, vamos siguiendo nuestras propias pistas y celebrando los pequeños triunfos como recordatorios para no darnos por vencidos.

 

 

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